El Cister Ibérico

Un recorrido por los monasterios cistercienses de la península ibérica

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El Cister en Madrid

Madrid en los siglos XI y XII

A raíz de la toma de Toledo en 1085, bajo el reinado de Alfonso VI, las plazas fuertes de Santa Olalla, Maqueda, Alamín, Canales, Talamanca, Uceda, Hita, Ribas, Guadalajara y el propio Madrid, capitularan sin oponer resistencia. Esto coloca a la ciudad de Madrid en zona fronteriza, sufriendo durante el siglo XI y el XII, las feroces embestidas de almorávides y almohades. A lo largo del siglo XI se construye la muralla cristiana. Es a comienzos del siglo XII cuando se inicia la colonización de la zona. Tras la victoria de las Navas de Tolosa por Alfonso VIII en 1212, desaparece por fin la presión musulmana, que permite a Madrid su expansión urbana y consolidación.

El Cister en Madrid

Solo se produce una fundación cisterciense en la zona, con el monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias, en una zona donde desde la época visigótica existía una importante actividad eremítica. Como consecuencia de esta actividad se organizó en la zona una comunidad benedictina, que dio origen la la denominación del valle Valdeiglesias, en el que una docena de eremitorios se agrupaban bajo la dirección de un abad. Es Alfonso VII, el que tras visitar la zona concede a los monjes el privilegio real para fundar un monasterio, lo que sucede en Toledo el año 1150, para lo que deben unirse en un solo grupo, denominado de Santa Cruz y someterse a la regla Benedictina, bajo el mandato del abad Guillermo. No se tienen noticias de si se llegó a realizar el deseo del rey pero en 1177, los monjes se incorporan a la orden cisterciense, bajo el reinado de Alfonso VIII, permaneciendo en esta observancia hasta su extinción

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